Thursday, May 01, 2008

Querido diario:
Hoy me encuentro bien. Estuve con Cristoff todo el día. Llegó por mí a la escuela y nos fuimos a comer. Después, me acompañó a mi boutique favorita porque quería comprarme unos jeans que están de moda. Dice que me quedaron muy bien. A veces me pregunto si me dice esas cosas por quedar bien conmigo o porque en verdad así lo cree.
Mi clase de opción estuvo aburrida, pero no me la pasé tan mal porque estuve platicando con Víctor. Es muy divertido, aunque a veces no lo entiendo. Es obvio que no es la primera vez que hablo con él, pero siento que no lo entiendo porque es muy complejo. Sus ideas no tienen nada que ver con las de aquellos marchistas que se la pasan de manifestación en manifestación: sus ideas son humanistas, sin embargo, mas no comprendo lo que quiere decirme, en ocasiones.
Hoy hablamos un poco de mí. A veces me siento sola y triste. Víctor dice que es sólo un estado emocional. Él no comprende lo que es estar solo desde muy pequeño. Estoy segura que piensa que cuando llego a casa, mi madre me está esperando con la mesa servida. No le he contado que mi madre falleció cuando tenía 13 años y que nunca supe quién era mi padre.
Sin importar cuán complejo Víctor sea y qué tanto desconozca de mí, creo que podría llegar a ser un gran amigo.
Querido diario:
Hoy me siento fatal. Mi día estuvo muy pesado en la escuela, discutí con Cristoff y no sé… Lo quiero mucho, pero a veces dudo que lo quiera como yo misma quisiera quererlo. Creo que debemos darnos un tiempo, pero no me atrevo a decírselo. Afortunadamente, se avecina la temporada de trabajos y no creo poder verlo. A decir verdad, aun cuando pudiera, no creo que él quisiera acompañarme, está muy ocupado en sus proyectos empresariales. Pero es mejor así, seguro que con un tiempo que pase, lo extrañaré y cuando lo vea, las cosas estarán mejor entre nosotros.
En la clase de opción, nos encargaron un trabajo muy difícil de investigación. Por alguna extraña razón, Víctor faltó, pero como el trabajo era en equipo, lo incluí en el mío. Él es muy inteligente, seguramente terminaremos rápido ese trabajo. Sirve que lo conozco mejor.
Por otro lado, hace unos días fue el aniversario del fallecimiento de mi madre. Fui al panteón a dejarle flores. Lloré, como siempre. Estar allí, en su tumba, me hizo pensar en todas las cosas que he obtenido a lo largo de todos estos años, tras su muerte. Me siento afortunada de que me haya heredado esos restaurantes que ahora me dan de comer, me siento afortunada de que me haya heredado una casa que acobije mis lágrimas y mi sufrimiento. Me imagino cómo sería mi situación si no me hubiera dejado nada. Probablemente, ahora estaría tirada en las drogas o en el alcohol. El sólo hecho de pensar en ello, me aterra. Me siento sola, pero curiosamente, no es a Cristoff a quien quiero ver. Tal vez debería llamarle a Ivette. Seguro que si vamos a un café y platico con ella, me sentiré mejor. Mañana será otro día y tenemos que ponernos de acuerdo para el trabajo de mi materia de opción. Espero que Víctor no falte esta vez.
Querido diario:
Creo que he hecho un absoluto ridículo: estaba platicando con Víctor cuando, súbitamente, recordé lo mal que me sentía ayer y lo bien que me sentía hablando con él y me puse a llorar. Víctor se sorprendió y me hizo la estúpida pregunta de “¿Por qué lloras si ER no es una serie tan dramática?”. Por un momento sentí ganas de reírme, pero me ganó la melancolía; sin embargo, no pude decirle a Víctor la razón verdadera de mi tristeza.
La buena noticia es que al fin estamos de acuerdo para realizar nuestro trabajo. Después del ridículo que hice ante él, hablamos sobre cómo le haríamos para reunirnos. Dice que podemos trabajar en su casa. Me aterra, de repente, el hecho de que trabajemos en la casa de un “perfecto extraño”. Nunca he ido a su casa, pero no creo que sea uno de esos psicópatas que sólo se ven en las películas de Hollywood.
Mañana iremos a su casa. Primero debemos ir a la biblioteca de la ciudad para recopilar la información que necesitamos y después la estructuraremos, una vez estudiada. Dentro de todo, no pienso que nos distraigamos tanto cuando estemos allí. Pienso que ir a tomar un café me ayudaría. Necesito pensar un poco en mi situación. Sigo sintiéndome sola y eso me preocupa. De repente, siento una extraña, pero al mismo tiempo, vaga necesidad de llamarle a Cristoff, pero el sólo hecho de pensar en la rutina de sus palabras y de su trato, alimenta mi voluntad de pasar un tiempo a solas para poder extrañarlo como quiero extrañarlo. Lo quiero, eso sí es seguro.
Querido diario:
Finalmente volví de casa de Víctor. Se portó muy amable conmigo. Antes de llegar, me acompañó a comprar un par de cosas para comer, ya que no me daría tiempo de ir a mi casa.
Primero, fuimos a la biblioteca. Víctor no paraba de bromear conmigo porque decía que era una tonta para buscar libros y sé que sólo lo decía para fastidiarme. Sé, sin embargo, que la pasé bien, incluso allí.
Después nos dispusimos a ir a su casa. Cuando fuimos a comprar algo de comer, una vez por allí, el señor que me atendió me dio el cambio y justo al meterlo en mi cartera, se me cayeron algunas monedas. Víctor fue educado y se agachó para levantarlas. Tiene un cuerpo atlético; no lo había notado, la verdad. No lo veo con morbo, pero tiene un buen trasero y de paso noté que su espalda y pecho son un poco amplios, pero también pienso que tiene unas lindas manos. Improvisadamente, Víctor se agachó y casi choqué con él, pero me di cuenta a tiempo y evité hacer el ridículo de nuevo. Fue por eso que noté sus caderas.
La casa de Víctor es muy bonita, me dijo que le gusta el concepto decorativo minimalista. La verdad, no sé en qué demonios consista eso, pero su casa se ve muy vacía y muy blanca, cualquiera diría que, más bien, parece la casa de un homosexual. En fin, cada quien sus gustos.
Nos la pasamos muy bien, estuvimos trabajando en su estudio, el cual, también es muy bonito. Platicábamos a ratos y después trabajábamos. Adelantamos bastante, pero aun nos falta muchísimo, la ventaja es que el trabajo es para dentro de dos semanas, pero creo que nos tendremos que ver a diario para poder terminarlo a tiempo. No creo que terminemos haciéndolo a las prisas.
Querido diario:
Una vez más estuve en casa de Víctor. Esta vez, compramos de comer para los dos y después de trabajar un par de horas, nos sentamos en el comedor de su casa y platicamos un buen rato mientras comíamos.
Me contó muchas cosas sobre él. Dice que la mayor parte del tiempo se la pasa en la calle porque le aburre estar solo en su casa. También me dijo que cuando va a su casa, los fines de semana, también se la pasa en la calle. Ese último comentario se me hizo, de entrada, un poco incongruente, dado que en su casa siempre están sus padres, por lo que dijo. No sé.
Después de tantas cosas que me contó, me quedé con la duda de si abrirme con él. No entiendo por qué soy tan miedosa en ese sentido. Si lo único que quiero con él, es una amistad, entonces no veo por qué no. En fin, creo que ya tendremos más oportunidad de hablar, y entonces hablaré de mí. Lo que sí se me hace extraño, es que él no me haya contado nada sobre él que no sean los clichés que los jóvenes ocupamos para “conocernos”. Insisto, es muy complejo… ¡Hombre tenía que ser!
Querido diario:
Hoy sucedió algo extraño: Por alguna extraña razón, decidí contarle un poco de mi vida a Víctor, pero en el fondo, sentí como si él ya lo supiera. Tuve la sensación, en muchas ocasiones, de que le estaba contando cosas que ya sabía. Era como si sólo me faltara decir “¿te acuerdas cuando te conté que …?”. Extraño, muy extraño.
Eso no fue lo más extraño. Lo interesante fue que sentí la necesidad de saber sobre la vida sentimental de Víctor. Me dijo que casi no ha tenido novias, pero no le creo. No tiene cara de vividor, pero creo que tiene más popularidad entre las mujeres de la que presume. Es muy bien parecido. Se viste bien (un poco serio, para mi gusto), pero para ser un ferviente fanático de la trova, creo que es normal. Tiene todo el tipo de intelectual, cual guapo profesor de ciencias o literatura con que las chicas soñamos.
Creo que el único dato curioso que noté en él, fue que en la escuela no me trataba igual que en su casa. Supongo que se preocupa más por platicar con sus amigos de cosas más triviales que por temas de interés interpersonal. Me habla bien, pero no profundiza en sus pláticas. ¿Por qué será? Tiene una personalidad muy enigmática.
Querido diario:
Esta tarde fue muy bizarra. Víctor me contó acerca de una chica con la que estaba intentando sostener una relación. Dice que ya tiene casi un año de soltero y la verdad sigo sin creerle, aunque su mirada es muy sincera y, en el fondo, le creo.
Algo muy extraño está sucediendo. Cuando me estaba hablando de esa chica, tuve una sensación muy repentina. No sé cómo describirla. Él dice que la chica no es de aquí, dice que vive a hora y media de la ciudad y que se le hace una buena oportunidad para comenzar una relación sin temor a caer en la monotonía. De repente, me sentí molesta porque pensé que era muy tonto de su parte el sostener una relación de larga distancia. Éstas siempre tienen un mal final. Después de toda la inteligencia que me ha proyectado, no entiendo por qué piensa así.
Mañana será otro día y seguro que se me pasará. No es que quiera que se me pase, es sólo que no me gusta sentirme así. Es como si quisiera resolver la vida de alguien y, aunque tengo, ya, mucha confianza con él, no creo que sea suficiente como para decirle que no me parece correcto lo que está haciendo. Aun así, me dio gusto que me dijera que podía confiar en él.
Querido diario:
Hoy sucedió lo que menos me esperaba… Estuve fastidiando a Víctor todo el día: Al principio, sólo se reía, igual me contestaba algunas cosas. Tuvimos que ir a la biblioteca para reunir más información (creo que la labor del trabajo se prolongó más de lo que esperábamos) y también lo estuve fastidiando. De repente, se molestó. Me dijo que él no es el tipo de personas que toleran que lo estén molestando todo el día. Me sentí un poco mal.
Estaba serio, para cuando llegamos a su casa, y decidí ofrecerle una disculpa. Cuando le dije eso, él estaba escribiendo en la computadora, por lo que me estaba dando la espalda. Se volteó, y con una mirada de nostalgia, me dijo que era él quien lo sentía…
Por supuesto que me sorprendí, pues no se ve que sea del tipo de personas que ofrezcan disculpas, aunque me ha demostrado que es muy responsable por sus actos; es sólo que, en esta ocasión estaba fuera de lugar que adoptara esa actitud porque había sido yo la del error.
Me dijo que lo perdonara por tener esa actitud tan tonta de molestarse conmigo. Le dije que no tenía por qué disculparse, que era mi culpa; insistió. Nuevamente, le dije que no lo hiciera, que eso me correspondía a mí. Puso su dedo índice en mis labios como si me estuviera callando y me dio un beso en la frente. La sensación que tuve en ese instante fue muy extraña; linda, sin embargo. Sólo se me ocurrió decirle que nos olvidáramos de eso, que teníamos que concentrarnos en el trabajo, que nos quedaba poco tiempo.
Mañana es fin de semana y quedamos de vernos para continuar. Me siento un poco mal porque sé que no podrá ir a ver a su familia a causa de la escuela. Me encargaré de hacerlo sentir bien. Le invitaré un par de tragos después de trabajar, estoy segura que eso alejará un poco la nostalgia que sienta de su hogar.
Querido diario:
Las cosas se tornan cada vez más extrañas con Víctor. Mientras estábamos trabajando, recibió una llamada en su celular y resultó que se trataba de la chica de la que me había hablado. ¡Estuvieron hablando casi hora y media! Me molesté mucho. Creo que me acabo de dar cuenta que no me gusta que me dejen colgada en alguna actividad como si estuviera sola. En fin, no le puse mucha atención a eso.
Trabajamos varias horas y cuando terminamos, le pregunté si me aceptaba un par de cervezas, a lo cual no se negó. Le dije que fuéramos a un bar que conozco que está de moda, pero no quiso, me dijo que era mejor en su casa, así que fuimos en su motocicleta por las cervezas. Me sentí rara, aunque la emoción de andar en una motocicleta, es grande, aunque incómoda, dado que era yo quien venía cargando las cervezas. Creo que me estaba arrepintiendo de haberlo invitado. …Bueno, no.
Ya bebiendo y tras unas cervezas, me confesó que finalmente esa chica era su novia. Sentí un poco de rabia. La noticia me cayó como balde de agua fría, por supuesto, pero me molestó porque yo seguía pensando que no era correcto lo que hacía. Tarde o temprano, esa chica le iba a terminar siendo infiel. Estaba segura. De cualquier modo, no sentí la confianza para decírselo. Creo que me impone un poco y me aterra su reacción, no me gustaría que se volviera a molestar conmigo. En fin. Quedamos de vernos mañana desde la temprano. Creo que tendré que acostumbrarme al hecho de que Víctor ya tiene novia.
Querido diario:
No puedo creer lo que sucedió… Tengo un revoltijo de sentimientos muy encontrados en mi corazón. Sucedió algo terrible. La novia de Víctor falleció. Yo estaba allí cuando recibió la noticia. Un amigo de ella le llamó por teléfono para avisarle que hoy por la mañana había salido a correr cuando le dio un infarto fulminante.
El semblante de Víctor, por supuesto, cambió inmediatamente y lo tuvo consigo todo el rato. ¡Era natural! Le dolió enterarse de semejante desgracia. No pudo evitar mostrarme su tristeza. Le pregunté si iría al funeral, pero me dijo que no, que no le agradaban los funerales. Entonces, decidí salir de su casa con el pretexto de ir a comprar algo para comer.
Camino a la tienda, me encontré con un negocio donde vendían regalos. Se me ocurrió comprarle una tarjeta para animarlo un poco. Sé que probablemente estaba tirando mi dinero a la basura, ¿pues cómo era posible que una tarjeta hiciera sentir mejor a una persona después de recibir tal noticia? Ni modo… Me fié de mis intenciones y pensé que sería lo mejor.
Cuando volví, le dije que le había comprado algo para hacerlo sentir un poco mejor. Cuando vio la tarjeta, sonrió y me dio las gracias. Me abrazó muy fuerte. Lo mismo hice yo. No sé por qué, pero en ese momento, recordé que ya habían pasado casi dos semanas sin que viera a Cristoff. Pero sólo fue en ese momento. Después, lo olvidé.
Mientras estaba abrazada con Víctor, le dije que si quería llorar, que lo hiciera, que era lo más sano que podía hacer. No lo hizo, pero sí me dijo que se sentía muy bien de que alguien como yo, estuviera en un momento así con él. Me sentí muy bien de escuchar eso.
De repente, me dijo que ya se sentía bien, que sólo era la impresión y que no se sentía muy mal, sólo un poco triste por la simple pérdida. Me dijo que por ella no sentía la gran cosa, pero que pensaba que lo suyo habría podido llegar a ser algo lindo. Que era la primera vez que perdía a una novia bajo tales circunstancias. Sentí mucha pena por él, pero me hizo sentir mejor el hecho de saber que no estaba tan triste como pensé. Creo que juzgué mal la situación al pensar que se encontraría desolado e inconsolable.
Al despedirnos cuando me fui de su casa, sin querer lo besé a media boca…
Querido diario:
Hoy sucedió algo que no me esperaba… Lo peor de todo es que no sé cómo me siento, no puedo interpretar mis sentimientos. En la escuela me fue muy bien. Estuve con Víctor todo el día. Cristoff me habló y me dijo que tenía ganas de verme, que me extrañaba. Para ser sincera, me sentí un poco mal porque comencé a sentir que sí lo extrañaba, pero decidí que no era el momento correcto para verlo. Además, tenía que seguir trabajando con Víctor, por lo que le respondí que lo mejor era que nos viéramos hasta la próxima semana, cuando terminara de entregar todos mis trabajos. Me dijo que estaba bien.
Ya se me hizo muy rutinario y familiar estar en casa de Víctor. A veces, pienso que es como mi propia casa. Cometí una tontería, pero ahora que lo recuerdo, me da mucha risa: Mientras estábamos trabajando, hubo un fragmento de un libro que habíamos sacado de la biblioteca que me puse a leer. En ese momento, Víctor se sentó en el escritorio y se puso a escribir en la computadora. De repente, sentí ganas de ir al baño y como reacción de una reacción, me paré, y sin decir nada, fui al baño. Una vez que estaba allí, recordé que no le había pedido permiso a Víctor para entrar. “¡Qué tonta”, pensé… “Espero que no se moleste conmigo por esto. En cuanto salga, le ofreceré una disculpa”.
Cuando volví, iba a pedirle perdón a Víctor cuando me interrumpió y dijo: “Sí, puedes usarlo, ya sabes dónde está”. La verdad es que me ganó la risa del comentario porque noté en su mirada una expresión muy graciosa. Sólo me reí y le pedí perdón. Me dijo que no había problema, que pensara que aquélla era como mi casa, sólo que no exagerara (lo dijo con esa graciosa expresión, nuevamente); también me reí…
Ya me disponía a sentarme para seguir leyendo, cuando me pidió que mirara lo que había escrito para el trabajo. Me quedé parada y sólo me acerqué para poder leer. Cuando me di cuenta, noté que lo estaba abrazando. Con mi mano derecha estaba acariciando su cara; y él, con su mano izquierda, acariciaba la mía, que estaba sobre su hombro. No sé, exactamente, por qué o cómo sucedió eso y por qué no me di cuenta. Sólo sé que no me molestó y, según parece, a él tampoco. Le dije que estaba bien, a lo cual respondió que seguiría escribiendo tres párrafos más.
Finalmente, terminamos esa porción del trabajo. Yo estaba sentada en una silla y cuando me disponía a pararme para meter mis cosas en mi bolsa, él se volteó en esa extraña silla giratoria que tiene en el escritorio y me dijo que tenía algo muy importante que decirme. Le pregunté que de qué se trataba.
“Gracias por todo lo que has hecho por mí”, dijo. “No sabes lo bien que me hace sentir el hecho de que te encuentres aquí conmigo. Sé que sería tonto pensar que te encuentras aquí por una razón que no sea la del trabajo, pero aprecio mucho que te hayas acercado a mí y que me hayas acompañado en un momento tan difícil como el del fin de semana pasado”. Es lo que recuerdo que dijo. No era textual, pero preferí parafrasearlo un poco.
Le dije que no había problema, que no me lo agradeciera, que era lo menos que podía hacer por él. Noté algo en su mirada. Era como si una serpiente me hipnotizara con su mirada para inmovilizarme, después morderme y envenenarme para convertirme en su alimento. Víctor no me convirtió en su alimento, sólo se acercó para lo que, yo pensé, se trataría de un simple abrazo… Víctor me besó. Nos besamos. Le correspondí al beso y lo besé, también.
Después de esos dos minutos que duró nuestro beso. Sólo nos paramos, me encaminó a la puerta y nos despedimos con un “Hasta mañana”. En efecto, me intriga el saber qué pasará mañana. No puedo esperar “hasta mañana” para saber qué sucederá. Me siento extraña, tal vez hay algunos matices de culpa en mis pensamientos, pero a la vez no me arrepiento. ¿Qué sucederá mañana y el resto de la semana en que tengo que trabajar con Víctor?

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